Statement
No me describo como una artista ecológica. Vivo en tensión con estas cuestiones; mi comportamiento está lejos de ser ejemplar. No busco enseñar ni probar. Mi trabajo no es una declaración; es un espacio de reflexión—una percepción sensible, a veces incómoda, de nuestro entorno.
Mi práctica se construye sobre una investigación de campo realizada como exploración científica y cultural. Rechazo las visiones estrechas y académicas que buscan encasillar mi práctica en categorías separadas. Durante mis residencias en México, Asia o Europa, trabajo junto a artesanos locales para recoger la memoria de un sitio: olores, pigmentos y fragmentos botánicos. Estos intercambios son esenciales: permiten un diálogo entre el saber hacer ancestral y la investigación contemporánea. Observo rocas talladas por el viento y depósitos minerales para extraer un vocabulario de la erosión.
A través del estudio de huellas y vestigios, exploro la belleza del declive de un territorio. En lugar de ilustrar directamente las crisis ambientales, busco crear espacios donde el asombro y la inquietud coexisten, sondeando las tensiones de nuestra condición contemporánea. Estoy profundamente agradecida con estos artesanos y las instituciones cuyo apoyo hace posible este trabajo.
Opero en la intersección del oficio manual y la extensión tecnológica. Aunque mi proceso sigue siendo profundamente físico—recolectar, teñir, tejer—nuevas herramientas me permiten traducir estos ritmos orgánicos en escultura. La tecnología me permite innovar o restaurar formas perdidas, resonando con las micro-estructuras de la vida. Mis instalaciones son constelaciones inmersivas donde el material retiene la memoria de un gesto colectivo. No se trata de nostalgia. Se trata de atención. A lo que resiste. A lo que permanece.